Valladolid es uno de los mejores ejemplos de la expansión desaforada e incorrecta que tuvieron muchas ciudades españolas entre 1960 y 1980. Mi trabajo –un encargo del Museo Patio Herreriano– le hace por lo tanto el contrapunto al que había realizado en 2014-2015 sobre ocho capitales de provincia cuyo crecimiento fue mucho más contenido.